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¿Quién era Muhammad? El Mensajero de Allah (1 de 3)

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¿Quién era Muhammad? El Mensajero de Allah (1 de 3)

Autor: ‘Abdal Haqq Saif al ‘Ilm (Shaykh Abdalhaqq Bewley)

Esta breve biografía de Profeta Muhammad espere ser un punto de inicio para todos aquellos que quieren conocer más acerca del Profeta Muhammad. En ella veremos el contexto histórico en el que vino, cuál era su carácter y su naturaleza esencial. 

Introducción

No hay dios sino Allah. Muhammad es el mensajero de Allah.

Esta afirmación es la puerta de Islam y la base de todo lo que integra la forma de vida del musulmán. Todo depende de Él. Él es independiente de todo. El externamente Manifiesto internamente Oculto. Anterior al tiempo pasado, más allá del tiempo infinito. Nada tiene parecido con El. Y no podemos acceder a la sobrecogedora Presencia de la Realidad Divina si no es a través de Muhammad, el Mensajero de Allah. Esta descripción de Muhammad está dividida en tres partes. Una, histórica, otra acerca de su carácter, y la tercera describe su naturaleza esencial.

El aspecto histórico

Muhammad, que Allah le bendiga y le dé paz según el número de todos aquellos que confían en él, y de todos los que le niegan, desde el día de su nacimiento hasta el dia en que la Verdad sea desvelada, era hijo de Abdullah, hijo de Abd al-Mutalib, hijo de Hashim, de la tribu de Quraysh, descendiente de Ishmail, hijo de Ibrahim.

Nació en Meca, cincuenta y tres años antes de la Hégira. Su padre murió antes de su nacimiento, y su madre, Amina, cuando aún era niño. Encontró un protector en su abuelo, Abd al-Mutalib, y a la muerte de éste, en su tío Abu Talib.

Su infancia y juventud fueron muy sencillas. No recibió una educación formal, y se ocupaba del rebaño de ovejas y cabras que su familia poseía en las colinas cercanas a Meca. En cierta ocasión acompañó a su tío en una caravana que se dirigía a Siria, y en el transcurso del viaje encontraron a un ermitaño cristiano llamado Bahíra, quien anunció a Abu Talib que su joven sobrino sería el Profeta de su pueblo.

A los veinticinco años volvió a realizar el mismo viaje, en esta ocasión como mercader al servicio de una acaudalada viuda llamada Jadiya. A consecuencia de su éxito en este viaje, y después de oír referencias acerca de su excelente carácter, ella se casó con su joven agente. Vivieron juntos veintiséis años, fué madre de sus hijos y le apoyó durante los difíciles años en que intentaba extender el Islam entre las gentes de Meca.

Muhammad acostumbraba a retirarse todos los años durante el mes de Ramadán a una cueva de un monte cercano a Meca. Cuando tenía cuarenta años, casi al final de este mes, oyó durante la noche una voz que le decía: ‘¡Lee!’. Respondió: ‘No sé leer’. De nuevo dijo la voz: ‘¡Lee!’. Y de nuevo respondió sobrecogido: ‘No sé leer’. Por tercera vez, la voz le ordenó: ‘¡Lee!’. ‘¿qué debo leer?’, respondió. La voz le dijo: ‘Lee en el Nombre de tu Señor que te ha creado. El creó al hombre de un coágulo’.

Este fué el comienzo de la Revelación del Qur’an, que continuó de modo intermitente hasta poco antes de su muerte, veintitrés años más tarde. La voz le dijo que él era el Mensajero de Allah, y al levantar sus ojos, vió a Yibril: el cauce por el que la Revelación le era transmitida desde el Creador del Universo.

Su primer pensamiento fué que se había vuelto loco, pero fué confortado por su mujer, Jadiya, y gradualmente, a medida que la Revelación continuó, su incertidumbre desapareció y aceptó la ingente tarea de ser el Mensajero del Señor de la creación.

Durante los tres primeros años que siguieron a este suceso, sólo los más próximos a él conocieron lo ocurrido. Jadiya, su hijo adoptivo ‘Ah, su esclavo liberto Zayd y su amigo Abu- Bakr, fueron los primeros en aceptar lo que decía y en seguirle.

Por aquel entonces, recibió el mandato de ‘salir y advertir’, y así comenzó a hablar abiertamente a las gentes de Meca. Les hizo comprender la estupidez de adorar ídolos a la vista de las claras pruebas de la Unidad Divina, manifiestas en la Creación.

Los clanes de la tribu de Quraysh, al ver amenazada su forma de vida, respondieron hostilmente y empezaron a maldecirle y a perseguir a sus seguidores. A pesar de todo, el número de musulmanes iba en constante aumento, y los quraishitas trataron de detenerle con sobornos, llegando incluso a ofrecerle él que fuera su rey si llegaba a un compromiso con ellos y dejaba de atacar a sus falsos dioses. Con su palabra y su ejemplo, estaba minando y poniendo en peligro la estructura social y la base de su riqueza. Además, el Islam se vió fortalecido cuando Umar Iba al-Jattab aceptó al Profeta. Era éste uno de los más fuertes y respetados de la Quraysh y hasta aquel momento había sido uno de los más acérrimos enemigos del Islam. La Quraysh, dominada por su frustración y rabia, confinó durante tres años en un barranco a todo el clan del Profeta, prohibiendo toda relación con ellos.

Durante este tiempo, murieron su mujer Jadiya y su tío y protector Abu Talib, y asimismo fracasó un intento de llevar el Islam a la vecina ciudad de Taif. Fué precisamente en este punto muerto cuando se produjo el Miraj.

Muhammad fué llevado a través de los siete cielos y le fué mostrada la verdadera naturaleza de su ser y el honor que recibía de su Señor, la Realidad Divina. Al poco tiempo, un pequeño grupo de hombres de una ciudad llamada Yazrib le escucharon durante un viaje que hicieron a Meca. Le aceptaron como Profeta y regresaron a su ciudad con un maestro musulmán. Al año siguiente, volvieron con setenta y tres nuevos musulmanes e invitaron al Profeta a visitar Yazrib. Desde entonces, los musulmanes comenzaron a asentarse en ésta y a abandonar Meca, hasta que el Profeta, después de evitar un atentado contra su vida, viajó con Abu Bakr hasta Yazrib, ciudad que recibió el nuevo nombre de Al-Madinat al- Munawwara, la Ciudad Iluminada. Este acontecimiento es conocido como la Hégira, y señala el comienzo de la comunidad musulmana.

Desde este momento, el Profeta recibe de su Señor el mandato de luchar contra sus enemigos, aunque hasta entonces no se habían tomado medidas de auto-defensa. Las primeras expediciones fueron muy pequeñas y en ellas casi no se produjeron luchas. En el segundo año de la Hégira, los quraishitas enviaron un ejército de mil hombres con el pretexto de proteger una caravana procedente de Siria. El Profeta reunió un ejército de algo más de trescientos hombres, y los dos bandos se encontraron en un lugar llamado Badr.

Los musulmanes, mandados por el Profeta, con una confianza total en Allah en sus corazones y el apoyo del mundo angélico, vencieron completamente, y mataron a muchos de los jefes de la Quraysh. La enemistad de la Quraysh siguió aumentando, pero el Islam ya poseía una sólida base.

Al siguiente año, la Quraysh envió un ejército contra Medina, y los musulmanes se encontraron con ellos en la montaña de Uhud, a poca distancia de la ciudad. A pesar de su desventaja, los musulmanes podían haber logrado la victoria, pero el afán de hacerse con botín llevó a un grupo de arqueros a abandonar sus posiciones, y a causa de ello fueron derrotados. Esta derrota motivó el asesinato de musulmanes que viajaban para extender el Is1am, y también una abierta hostilidad por parte de los judíos de Medina, apoyados por elementos descontentos dentro de la comunidad musulmana.

En el quinto año de la Hégira, la Quraysh atacó de nuevo Medina, en esta ocasión con diez mil hombres. El Profeta había organizado la excavación de un profundo foso para la defensa de la ciudad y el encuentro se hizo famoso como ‘la Batalla del Foso’. Las tropas de Meca se vieron incrementadas por una tribu de judíos de Medina, pero sin embargo, confundidos por el foso, descorazonados por la sospecha hacia sus aliados judíos y por un viento enconado que estuvo soplando durante tres días y tres noches, recogieron el campamento y se marcharon sin presentar batalla. La tribu judía fue severamente castigada por su traición.

Ese mismo año, el Profeta decidió llevar a Meca una compañía de mil cuatrocientos hombres para hacer el Hajj. Acamparon en AI-Hudaybiya, justo a las afueras de la ciudad, pero se les prohibió la entrada. La Quraysh mandó embajadores, y el Profeta firmó un pacto aparentemente poco ventajoso para los musulmanes, y éstos regresaron a Medina sin entrar en la Ciudad Santa. Sin embargo, este pacto que detuvo la lucha entre la Quraysh y los musulmanes, resultó de hecho una gran victoria, y el Islam se propagó desde entonces con más rapidez que antes.

Según los términos del acuerdo, la Quraysh convenía en evacuar Meca al año siguiente durante tres días, mientras los musulmanes visitaban la ciudad y hacían Umrah. Esta fué la primera vez que el Profeta y sus compañeros visitaban Meca después de siete años.

Ese mismo año, el Profeta decidió llevar a Meca una compañía de mil cuatrocientos hombres para hacer el Hajj. Acamparon en Al-Hudaybiya, justo a las afueras de la ciudad, pero se les prohibió la entrada. La Quraysh mandó embajadores, y el Profeta firmó un pacto aparentemente poco ventajoso para los musulmanes, y éstos regresaron a Medina sin entrar en la Ciudad Santa. Sin embargo, este pacto que detuvo la lucha entre la Quraysh y los musulmanes, resultó de hecho una gran victoria, y el Islam se propagó desde entonces con más rapidez que antes. Según los términos del acuerdo, la Quraysh convenía en evacuar Meca al año siguiente durante tres días, mientras los musulmanes visitaban la ciudad y hacían Umrah. Esta fué la primera vez que el Profeta y sus compañeros visitaban Meca después de siete años.

Al año siguiente, el Profeta mandó un ejército de tres mil hombres a enfrentarse a un ataque del Emperador bizantino en Siria. Atacaron valerosamente a cien mil hombres, luchando hasta que tres jefes cayeron muertos. Los pocos supervivientes se retiraron y regresaron a Medina.

Por entonces, la Quraysh rompió el acuerdo, y el Profeta, con un ejército de diez mil hombres, atacó Meca. Tomaron la ciudad sin derramamiento de sangre y el Profeta declaró una amnistía general. Perdonó a aquellos que tanto le habían perseguido desde el comienzo del Islam. Estos se hicieron musulmanes y la única destrucción fué la de los ídolos alrededor de la Ka’aba. El Profeta se dedicó entonces a someter al resto de las tribus hostiles, venciendo en la batalla de Hunayn y poniendo cerco y tomando la ciudad de Taif, cuyos habitantes le habían rechazado diez años antes.

En el noveno año de la Hégira, los musulmanes fueron probados por Allah. El Profeta pidió a todos los musulmanes que le acompañaran en una expedición a un lugar llamado Tabuk durante el período más caluroso del año. Algunos le acompañaron y otros se quedaron. La expedición regresó sin haber luchado. Ese mismo año se hizo famoso como ‘el Año de las Delegaciones’, pues vino gente de toda Arabia a jurar fidelidad al Islam y al Profeta.

En el décimo año de la Hégira, el Profeta condujo el Hajj de despedida, al que asistieron ciento cuarenta mil musulmanes. En un discurso en el monte Arafat les recordó los deberes del Islam, y que serían llamados a responder de sus actos, y entonces les preguntó si había expuesto con claridad su Mensaje. La respuesta fué: ‘¡Si, por Allah!’, y él añadió: ‘¡Oh Allah, tú eres testigo!’. Poco después de su regreso a Medina, enfermó y murió con la cabeza sobre el regazo de Aisha, su esposa más amada.

Durante los últimos diez años de su vida, dirigió veintisiete campañas, en nueve de las cuales hubo intensas luchas. Supervisaba personalmente cada detalle de la administración y juzgaba él mismo en cada caso, siempre accesible al que solicitaba su atención. Destruyó la adoración a los ídolos y sustituyó la arrogancia y violencia de los árabes, su inmoralidad y embriaguez por la humildad y la compasión, la armonía y la generosidad, creando una sociedad realmente iluminada como no ha existido otra, la comunidad de los compañeros del Sello de los Profetas, el último Mensajero, el esclavo de su Señor: Muhammad.

Fuente: libro ‘Muhammad, mensajero de Allah

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