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Washington Irving habla sobre el Profeta Muhammad

Washington Irving habla sobre el Profeta Muhammad

Washington Irving habla sobre el Profeta Muhammad
Washington Irving habla sobre el Profeta Muhammad
Por: Dr. Ezz El-Din Farrall

Washington Irving ha abordado la vida y el ingenio del Profeta en sus diferentes aspectos. Era normal que hablara de la absoluta dedicación y vinculación del Profeta con su Mensaje y su lealtad absoluta a este. En este sentido dijo:

“La vida del Profeta se basaba en la lealtad, puesto que no había ningún motivo para sumergirse en las dificultades y obstáculos a los que se enfrentó a la hora de comunicar su mensaje más que la creencia pura en el Señor de los mundos, que llenaba su corazón y mente.

El Profeta, antes de que le llegase la profecía, era fiel y querido entre su pueblo, pertenecía a la tribu más noble de entre los árabes y su esposa Jadiya disfrutaba de abundante riqueza.

Des esta forma, era generoso, de buen linaje, tenía riqueza y buena fama. Sin embargo, anunció su Mensaje a pesar de las dificultades y persecuciones a las que se enfrentaría. No tenía más finalidad que la de lograr la supremacía de la palabra se su Señor”.

De entre los aspectos de la exaltación al Profeta que Washington Iriving hace, destaca la tolerancia del con sus adversarios y oponentes después de la conquista de la Meca. Dice:

“Aunque Abu Sufyan no dejaba pasar ninguna oportunidad para dañar al Profeta y sus Compañeros, cuando se presentó ante el Profeta después de la conquista de Meca, este le perdonó. Por ello Abu Sufyan volvió a su pueblo diciendo: “¡Oh pueblo de Quraysh! Quien entre en la Gran Mezquita de Meca estará seguro; quien entre en la casa de Abu Sufyan estará seguro y quien se quede en su casa, estará seguro!”.

De igual modo, al conquistar Meca, Ikrimah ibn Abu Ghal, quien había heredado de su padre la hostilidad contra el Profeta, huyó y dejó que su joven y bella esposa fuera al profeta y se arrodillara ante él en busca del perdón para su esposo. El Profeta la hizo levantarse y perdonó a su esposo. La joven fue corriendo a las costa para informar a Ikrimah que había sido perdonado y no tenía que abandonar la ciudad. Cuando este se enteró de de la tolerancia y el perdón del Profeta regresó con su esposa para declarar su conversión al Islam.

De modo similar, cuando las mujeres de los Quraysh se presentaron ante el Profeta después de la conquista de Meca, entre ellas estaba Hind, la esposa de Abu Sufyan, quien había masticado el hígado de Hamza, el tío del Profeta, después de haberle matado. El Profeta pasó largo tiempo con la vista fija en ella, lo que la hizo sentir arrepentimiento y vergüenza; y corrió hacia el profeta, se arrodilló ante él y pidió perdón diciendo: “Soy la esposa de Abu Sufyan, pido perdón e indulgencia”.

El Profeta la perdonó, pese a lo que ella había mostrado de violencia y crueldad. El Profeta también perdonó a uno que dio a una bofetada a su hija causándole la muerte cuando esta quiso emigrar de Meca a Medina. ¿Acaso encontramos a lo largo de toda la historia una tolerancia igual a la que mostraba el generoso Profeta?

Esta tolerancia era un componente esencial y eficaz de los musulmanes. La tolerancia y el perdón del Profeta influyó en los árabes, dando lugar a que sus corazones de ablandaran y fueran tenues, por eso acudieron a él seguro y conscientes”.

Por otro lado, Washington Irving analizó las misiones políticas y el envío de mensajeros a los césares y reyes. En este sentido escribió:

“El Profeta quiso propagar su religión gran escala, y, por eso, recurrió a medio políticos y diplomáticos: envió mensajeros a los césares, reyes y príncipes para llamarles al Islam. Nunca recurrió a usar la espada sino después de haber agotado todas las opciones de la vía pacífica. Envió mensajero a Cosroes, el rey de Persia; al César, emperador romano; al Macucas, gobernador de Egipto y al Negus, rey de etiopía.

Cuando el mensajero del Profeta, que la paz sea con él, se presentó ante el César y este le entregó el mensaje, el César se lo dio a uno de sus hombres para que lo leyese, quien comenzó a leer:

“En el nombre de Allah, el Misericordioso, el Compasivo. De Muhammad ibn Abdallah, Mensajero de Allah, a César, rey de los romanos”. César gritó enfadado: “¡Qué dice! ¿Quién se atreva a escribir su nombre antes del nombre del César?”. Luego tomó el mensaje y lo rompió antes de conocer su contenido.

Al César esto no le bastaba, por eso ordenó al gobernador de Yemen que detuviera al profeta del Islam, quien envió a dos personas para ello. Cuando llegaron allí informaron al Profeta del mensaje de su rey. El Profeta les dijo: “¿Tenéis rey?”. A lo que se quedaron perplejos. Cuando regresaron a su ciudad se enteraron de la muerte del César a manos de su hijo en el mismo momento en que conversaban con el Profeta.

Por otra lado, el Mensajero del Profeta a Cosroes tuvo mejor suerte que el anterior. Cosroes lo recibió bien y le dio regalos a su regreso, aunque no le dio una respuesta decisiva.

En Egipto, Macucas trató muy bien al mensajero del Profeta, lo recibió con hospitalidad y le dio regalos al regresar, entre ellos una mula para el Profeta y dos doncellas. El Profeta se mostró perplejo por aceptar las dos doncellas como propiedades. Se casó con una de ellas, que es María la copta, y uno de sus compañeros se casó con la otra. Esto causó una buena impresión entre los coptos de Egipto. En cuanto al Negus, se hizo musulmán tan pronto como recibió la invitación del Profeta.

El envío de estos mensajero y las misiones políticas deja muy claro que el Profeta no recurrió al combate excepto después de haber agotado todos los medios políticos y diplomáticos. Esto indica la prudencia, la reflexión y el apego del Profeta por establecer la paz”.

Por otro lado, Washington Irving investigó los avances militares y la extensión política del Profeta y su impacto en la conducta y la moral del Profeta. En este sentido escribe:

“Los triunfos militares o políticos no despertaron en el Profeta la vanagloria o la jactancia, tampoco el egoísmo o los deseos personales obstinados, sino que el Profeta permaneció ascético y modesto como era al principio de su vida. La riqueza y la autoridad estaban disponibles para el Profeta, pero las utilizaba solo para elevar la religión y la palabra de Allah. A la muerte del Profeta no había ni un dinar, dirham ni siervo en su casa. Allah puso a su alcance todos los tesoros del mundo, pero él los rechazó”.

Washington Irving también describió la reacción del Profeta a la muerte de su hijo diciendo:

“La sumisión del Profeta a la voluntad Divina se muestra de manera muy evidente cuando el Profeta se encontraba en el lecho de muerte de su hijo; su único consuelo era que se reencontraría con él en el Paraíso. Incluso a punto de morir, el Profeta hablaba bien de Allah y llamaba a la gente a recordarlo. La palabras que repetía el profeta era que Allah estuviese complacido con su hijo y lo reuniera con él y los profetas anteriores en el Paraíso. Cuando le seguía al cementerio, llamaba a la gente a creer en el Islam, en la unicidad de Allah y en el mensaje de la profecía”.


Fuente: El Profeta del Islam en el espejo del pensamiento occidental. Traducido por el equipo de traducción de Al Azhar, editado por Nuevos Musulmanes.

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